Nutrición y felicidad - page 16

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Los alimentos, las bebidas dulces constituyen un grupo amplio que
contribuye a la felicidad del que las consume (48). El hombre tiene poderosos
mecanismos para buscar y detectar lo “dulce” (11-13). Una de las razones clave
es que los alimentos dulces aportan directa o indirectamente glucosa. De nuevo
la seguridad de la existencia, de la salud, induce la búsqueda, eleva el simbolismo
y conduce a la felicidad. Uno de los aspectos claves es el hambre específica por
azúcar, no es de extrañar que después de una comida “saludable” no siempre
gratificante, nos decidamos por un broche final dulce, quizás no tan saludable,
pero mucho más gratificante.
Ya nos decía Carlos Cano
Alacena de las monjas
Que nos da Gloria bendita
Pastelillos de toronjas
Y dulces de leche frita
No obstante, la tecnología actual permite elevar la agradabilidad de
ciertos alimentos y bebidas, asegurando su búsqueda y consumo (48-50).
Aspectos que se potencian aún más con una oferta variada de mensajes
publicitarios y la unión a sustancias que elevan el despertar cerebral, la capacidad
de apreciar y de saborear, siempre en un medio de compañerismo y familiaridad.
Uno de los aspectos que más condicionan ese aprendizaje es el momento
final de la experiencia. También la intensidad del momento tiene una influencia
enorme en la memoria hedónica. Esto explica que una buena compañía, un buen
vino, una agradable presentación o guarnición o postre perfecto sean atesorados
en nuestra memoria y ayuden a la elección de las comidas posteriores. Robinson
y col (51) en 2011 realizaron un estudio curioso sobre el final agradable de una
comida, el momento álgido de la sensación y el momento de recordar lo
gratificante de ella en individuos que se frenan frente a la comida. El incluir en el
fondo de un yogurt mermelada, hacía más gratificante el final de la ingesta del
yogur que la viceversa, lo que implicaba que aquel yogur fuera más recordado y a
la larga consumido.
En otra curiosa publicación, Polivy y col (52), demuestran claramente que
nada es verdad ni es mentira, ya que depende del color del cristal del ojo con que
se mira. Así, se repartían trozos iguales de pizas vegetales entre mujeres que se
contenían frente a comida o que no lo hacían. Posteriormente a estas mujeres se
les mostraban trozos de pizzas que eran un tercio mayor o menor que el suyo,
diciéndoles que eran los que habían comido sus compañeras de estudio. En unos
minutos se les dejaba comer y posteriormente se les permitía acceder a consumir
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